El bosón de Higgs es la partícula a la caza, la
última pieza del Modelo Estándar que aún no ha sido descubierta, la que da sentido a la Física tal y como la
conocemos.
El Modelo Estándar es un conjunto de reglas
matemáticas que describe cómo todas las partículas conocidas en el universo
interactúan entre sí. Pero, a pesar de que rige nuestra vida cotidiana, los físicos aún no son capaces de
responder a todas las preguntas que plantea la realidad
del universo. En particular, no pueden responder a una de las cuestiones más
fundamentales: ¿Por qué la mayoría de las partículas elementales tiene masa?
Si no la tuvieran, la realidad sería muy diferente.
Si los electrones no tuvieran masa, no habría átomos. Y sin ellos no existiría la materia que
conocemos, la que nos forma como seres humanos. No habría
química, no habría biología y no habría humanidad. Las partículas no pesarían
nada y circularían por el universo a una velocidad cercana a la de la luz.
UNA TEORÍA HECHA CON LÁPIZ Y PAPEL
En 1964, el físico Peter Higgs describió con la
sola ayuda de un lápiz y un papel las ecuaciones que predicen la existencia de
una partícula nunca vista, pero necesaria para que funcione el modelo sobre el
que se basa toda la física actual: el bosón de Higgs. Las ecuaciones del físico
de la Universidad de Edimburgo, unidas a las reglas matemáticas del Modelo
Estándar, permitirían a las partículas tener masa.
Es lo que se conoce como el mecanismo de Higgs y ha
permitido entre otras cosas predecir la masa de la partícula más pesada de
cuantas se conocen, el quark top. Los experimentos realizados por los físicos
para encontrar esta partícula la hallaron
justo donde el mecanismo de Higgs predecía que debía estar. Pero
el trabajo de la gran ciencia, como el que se realiza en el LHC de Ginebra, aún
no ha conseguido dar con la partícula más preciada, el bosón de Higgs.
El mecanismo de Higgs se puede describir como un
campo invisible presente en todos y cada uno de los rincones del universo. Y es
ese campo precisamente el que hace que las partículas que atraviesan el campo
tengan masa. El bosón de Higgs es el componente fundamental de ese campo, de la misma manera que el fotón es el
componente fundamental de la luz. Es el intermediario
presente en todas partes del universo que hace que las partículas tengan masa.
Por ese motivo, el premio Nobel Sheldon Glashow la apodó como 'the God
particle' , 'la partícula Dios' (aunque popularmente se ha traducido como 'la partícula
de Dios').
Una nueva física o el derrumbe de los pilares
Pero el mecanismo de
Higgs no predice la masa exacta que debe tener la partícula, sólo aporta un
rango de masas. El bosón es demasiado inestable como para ser visto
directamente. No obstante, el bosón de Higgs debería dejar una serie de huellas
de su presencia que pueden ser percibidas por los detectores del LHC.
Si se encontrase la
partícula daría lugar a una nueva física que iría más allá del Modelo Estándar,
como las superpartículas o la materia oscura. Pero si no se encontrase y se demostrase que no
existe la partícula Dios, los pilares sobre los
que se asienta la física actual quedarían invalidados. Parece que nunca un
apodo estuvo mejor puesto que el de la 'partícula de Dios'.




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